
27 de Agosto de 2024
La Pampa, Argentina
Querido Nonito de Los Andes:
A usted, morador de la montaña, testigo fiel de su belleza antes de despuntar el alba. A usted que tiene nubes por cortinas y con sus manos las abre cada mañana, dejando vírgenes los ojos, listos para entregarse al asombro que late su tierra andina.
Casi desde el extremo sur, me dispongo a seleccionar las palabras que envolverán como papel a un regalo, este mensaje. Se lo envío con los vientos de Agosto, antes que dejen la ciudad rumbo al norte.
Necesito con urgencia confesarle asuntos importantes. Pero antes, le pido por favor, se dé una vueltecita por el solar, atracito de su finca, y de entre las matas junte unas cerecitas bien pintonas en el cafetal, pa´ que luego no le falten, pues le advierto, esta confesión lo dejará a usted con sed y querrá beber en sus tacitas rojas, más de un buen café.
Estimado Nonito, si al recibir mi carta llueve en la montaña, ¿podría sentarse a leerla en su banquito de ordeñe, bajo el techo donde protege su leña? Allí cerca de su vaca consentida y aquel becerrito de ojos tiernos. Sería para mi imaginación un privilegio; justo en ese delicioso plano es el lugar desde donde mejor le veo.
Pues bien, sin más rodeos, vine a decirle que tengo un nuevo amor. Así mismo y sin pedir permiso me cautivó. Quisiera pero no puedo decir que es amor a primera vista, si con mis ojos nunca le he visto, las notas frescas de su perfume yo no he sentido, no recibí orquídeas a domicilio, ni serenata de la Rondalla por mi ventana; y aunque piense usted que esto es una novela, yo le estoy hablando de su Venezuela…
Mi lápiz se pone torpe por contarle lo mucho que usted tiene que ver en este asunto. Han sido sus nietos los responsables de tal enamoramiento… ¡Sí! Sus nietos. ¡Ay! ¿cómo negar? (permítame suspirar) le puedo asegurar… llevan su luz y su aroma impregnado en la piel!
Ay, si viera usted brillar en sus arepas la lunita llena de los valles, perfectas circunferencias que iluminan la escasez, con ellas curan el alma de cualquier hambruna. Si pudiera verles el compás de su merengue esquivando piedras al andar, si escuchara cómo grita el monte cuando salen a trabajar, o el estrépito caer de aguas mientras ríen a carcajadas.
Suelen perder a veces en el horizonte la mirada, les asoma en sus pupilas la silueta a contraluz de inolvidables montañas. Le aseguro querido Nonito, cuando me susurran sus secretos, vibran en su garganta las cuerdas del arpa. De vez en cuando son sus lágrimas amargas, pero al tocar mi historia, la dejan dulcecita como agua panela. Así fue como en este reflejo de su tierra, quedé atrapada. Y yo quiero que usted sepa: ha hecho muy bien la tarea!
No se dieron ellos a la fuga de su patria, no olvidaron a qué huele la casa. Si a primera vista pareciera que lo han perdido todo, déjeme decirle, han ganado más de lo esperado. Se han multiplicado, véame a mí: mate en mano y montando arepa en el budare, su sangre no corre por mis venas y me creo su nieta!
Llevaron Venezuela más allá de sus fronteras, aun cuando ellas son duras murallas vigiladas, manipuladas. Ellos han corrido la estaca extendiendo patria por toda la tierra.
Apreciado Nonito, reciba estas buenas noticias desde el sur del planeta. ¿Puedo pedirle un favor? No se canse de contar su historia a los pequeñitos que tiene cerca, con sus luces y sus sombras, no les niegue los detalles que peinan sus canas. Métalos a la faena al salir el sol, muéstreles cómo tener las mejores vacas, un rico queso y las más envidiables moras. En lo que dure la ordeñe, enséneles que “no tener”, jamás nunca será igual a “no poder”, que ser hombre próspero va de poseer honradez, de dar palabra y saber cumplirla.
Y por último le ruego, al contar su historia no deje de cantar… saque de su armario ese viejo cuatro sin perder ocasión, así entre cuento y cuento surgirán los versos de una nueva canción. Cuatro, guitarra o bandolín; furro, tambora, güiro o maracas, no importa si es gaita, vals o joropo… ¡Importa que canten! Canten al Sol de la esperanza. Mi querido Nonito, no dejen de cantar, la hora más oscura es justo antes del amanecer.
Así sin más que confesar, evitando empañar mis ojos de llanto, le dejo un trozo de mi alma, que aunque no es alma llanera, les palpita y les alienta. Cuidaré de los suyos en mi tierra, les seré el hogar más parecido al que dejaron. Espero pronto ir a verlo, estrecharle un fuerte abrazo y tomarme con usted, un rico café.
